Román y Coca nos inundan
Esto de las inundaciones en Alemania está dando mucho de sí a los políticos canarios. Mientras en el país germano se lamentan por las pérdidas, aquí en Canarias nuestras autoridades se frotan las manos por la rentabilidad que la catástrofe les puede dar electoralmente.
Sin perder tiempo nuestro presidente Román ha corrido a Alemania directamente a hacerse la foto con el canciller Gerard Schröder y de paso ofrecerle el oro y el moro y ponerle no solo una sino cientos de camas a su disposición en las Islas para que los rubios inunden nuestras playas cuando ellos quieran. Mientras, en Santa Cruz de Tenerife y en San Bartolomé de Tirajana los damnificados por sus respectivas inundaciones no salen de su asombro. De
hecho todavía esperan ayudas para evitar que la catástrofe se vuelva a repetir.
Y lo único que han recibido del Gobierno canario es una moratoria turística que lejos está de poner freno a las barbaridades edificatorias que han convertido los barrancos del Sur grancanario en terreno propicio para espantar a los turistas y llamar a cuantas calamidades naturales se puedan imaginar.
No quiero yo ni pensar en la que se puede armar cuando los Barrancos de Mogán y San Bartolomé de Tirajana les de por reclamar lo que es suyo.
Pero bueno, eso es otra historia y nos estamos apartando de la filosofía de estas páginas, que es la de sacudir toda la caspa del asuntillo. Si hablábamos del oportunismo de Román, ¿cómo hemos de calificar la ocurrencia de la presidenta del Patronato de Turismo de Gran Canaria?. A nuestra política más coqueta, de nombre viciosillo, no se le ha ocurrido otra cosa que mandar a un grupo de canariones con buen corazón a currar en las tierras inundadas de Alemania.
Un gesto que sería digno de elogiar si no fuera porque se le ve el plumero y se advierte en ella un afán de protagonismo que hasta desprende tufillo y tumba para atrás. Sí, nuestra Coca de Armas no se ha cortado un pelo y no ha tenido inconveniente en posar para fotógrafos y cámaras de televisión en el Aeropuerto grancanario en plan grupito que marcha de fiesta cuando en realidad a lo que van es a un campo de horrores.

Y es que no se puede aceptar que nuestros políticos se aprovechen del dolor de unos para sacar provecho para sus artimañas políticas. La solidaridad es otra cosa.
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