Testimonio de un arrepentido
Lo reconozco. Me vendà por una camiseta del PP. Me prometo a mà mismo que no volverá a pasar, pero lo cierto es que pasó. Todo sucedió en la mañana del miércoles, cuando varias chicas ataviadas con toda la indumentaria posible del Partido Popular se encontraban en la puerta del Mercado de Altavista.
Pasé por allà una primera vez y juré rechazar cualquier posible regalito que me hicieran, pero ni me miraron, andaban un poco revolucionadas, porque en ese momento se bajaban de un coche Paulino Montesdeoca y Felipe Afonso El Jaber, candidatos en la lista de Pepa.
Pronto descubrà que entre los múltiples objetos que regalaban; pins, bolÃgrafos, chapas de Pepa, etc, se encontraban camisetas de Soria y de Pepa.
Sinceramente, pasé un mal momento, entre la duda y el orgullo propio, sentà más palpitaciones de la cuenta, pero no le di más vueltas.
Pensé que una camiseta nunca viene mal, sea de lo que sea, para pintar, para usarla de pijama, etc, eso sÃ, sin salir de casa con ella. Miré a mi alrededor por si hallaba a algún conocido que con su presencia, hubiera anulado definitivamente mi instinto materialista por un simple trapo. No habÃa nadie; me lanzé al ruedo. Más torero que Chayanne y le pedà a Paulino una camiseta.
Debió ver en mà un fiel votante del PP, pues no dudó en entregarme una camiseta del Partido al que representa. Ya de vuelta a casa, sufrà una doble decepción al comprobar por un lado que la camiseta era de la talla XL, y sinceramente, uno no toma el suficiente Winstrol como para llenar semejante sábana.
Con estas medidas, podrán comprender ustedes como la foto de Soria me queda por debajo del ombligo. Miré con cierto estupor la camiseta buscando a Pepa por algún lado, pero no estaba. A Arcadio pongo por testigo, que no volveré a caer en semejante trampa.
No volveré a coger una camiseta del PP, al menos en esta campaña.
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La Frase...



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