Arte y peluquerías, peluquerías y arte
Son las peluquerías vergeles de caspa. Y no por la muy abundante que deja la clientela adherida a los pelos que se quita, sino por la que cuelga de las paredes.
Hay peluquerías demodé, buenos centros inaugurados en los años 70 y donde desde entonces (si acaso) sólo se han pintado las paredes una vez cada tres años. En ellas destaca el mobiliario, con anaqueles de formica, sillones de espera forrados de skay (cochambroso a estas alturas) y espejos fijados a la pared con grandes tachones dorados.
Las más modernas fueron mejorando los muebles y empobreciendo las paredes a golpe de posters. Las fotografías de modelos con peinados más o menos estrafalarios fueron sustituidas por láminas de unicornios blancos que subían al trote por un rayo de sol. También quedan muchas de este estilo.
Y por fin llegamos a la caspa contemporánea. La globalización impone el tratamiento integral con diseño. Diseño es poner un secador que sale de la pared y sustituye al de pie de toda la vida… magnífica idea… si no fuera porque el cable pasa por delante del espejo (y entonces no sólo se ve sino que se ve doble).
Las revistas de cotilleo para la espera antes eran atrasadas… ahora además son las que se regalan con la prensa del fin de semana.
Y siempre, siempre, hay que fijarse en el mostrador donde está la caja. Antes, cuando las barberías de toda la vida, el dinero se guardaba en un cajón siempre a mano del barbero, donde compartía espacio con el corta-sangre y algún cepillo. Ahora se tiene un mostrador cerca de la puerta donde está la caja y un teléfono. Nada más. Pero además de inútil el mostrador jamás es de materiales nobles y colores agradables. El “negro parejo” siendo feo es el más discreto. Pero muchas veces se empeora añadiendo unas “vetas” malvas o rosas que dan un toque muy femenino.
Esta tarde he estado en una de estas joyas. Era una mezcla de todo lo anterior, pero se añadía un detalle horrendo: cuadros originales en las paredes. Como los posters del unicornio, con un río de aguas caudalosas y turbias (por la mala calidad de la pintura, aunque pretendía ser cristalina) que regaba un jardín de flores enormes y chillonas donde revoloteaban unas mariposas (que por el tamaño se diría que eran águilas disfrazadas).
Aún no ha llegado lo peor. Un amante de la caspa en aquel local se siente bien, a sus anchas, relajado, sin ganas de que le digan que es su turno. Pasea los ojos por todos los detalles… Y ese es el momento en que se descubre en un tablón una nota que dice “aquí se venden cuadros”. Sí: se venden los expuestos en las paredes.
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La Frase...



Comentarios
[…] En los últimos tiempos han aflorado por nuestras calles todo tipo de salones de belleza, depilación y esteticienes de dudosa profesionalidad, que lo mismo te hacen la depilación parcial que te inyectan silicona en los pechos. Todo muy lejos de las antiguas y casi desaparecidas barberías, lugar exclusivo para el encuentro de los hombres, donde hace ya algunos años y a la escondía del barbero, vi yo una de las primeras tetas, de la mano del interviú, que por entonces causaba estragos entre la población pre-adolescente. […]
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